EL PROBLEMA LINGÜÍSTICO

© Héctor Campos Grez, Delegado UEA

Quizá no nos demos cuenta de la complejidad del mundo actual y de lo difícil que se tornan las relaciones internacionales a causa de los idiomas.

Según la descripción bíblica, en un principio esto no ocurría, pues todos hablaban un mismo idioma; pero la soberbia del hombre, y el querer parecerse a Dios, lo llevó construir la famosa “Torre de Babel” y allí comenzaron los problemas; aumentó así la incomprensión y la incomunicación que aqueja a la sociedad actual. Dios “castigó” al hombre con la diversidad de lenguas.

Actualmente existen en el mundo aproximadamente 3.460 lenguas ( algunos dicen más de 6.000 dependiendo de como se contabilicen), de las cuales la gran mayoría consiste en dialectos que no poseen literatura y carecen absolutamente de una gramática coherentemente definida según los cánones establecidos. Estos solo se basan en la tradición oral. Sin embargo, existen muchas más que no han logrado estudiarse adecuadamente; y también otros que desaparecen porque sus hablantes van muriendo.

En los organismos internacionales se ha demostrado la necesidad de un idioma común: la Comunidad Económica Europea tiene 24 idiomas de trabajo y que posiblemente sigan aumentando si ingresan otros países del ex-bloque socialista; la UNESCO cuenta con ocho; la ONU con seis. Los sistemas de traducción son costosos (25 mil millones de euros anuales para la CEE) y discriminatorios, además de deficientes porque no siempre se encuentra presente alguna de las combinaciones posibles de idiomas, y entonces se debe recurrir a uno que no es el materno perdiendo asi la posibilidad de expresarse y comprender adecuadamente lo que se discute o trabaja.

Desde la antigüedad existía la aspiración de una lengua para armonizar el mundo. En la antigüedad se utilizó el griego y el latín  como medio para transmitir la cultura; pero su uso quedó restringido a los monasterios y  la formación de los idiomas nacionales lo hicieron desaparecer como tal. En la diplomacia se usó el francés y luego el inglés, principalmente en lo económico. Pero estos idiomas no son fáciles de aprender para todos los pueblos, además ¿por qué el inglés? ¿No tiene derecho el español, el árabe, el chino mandarín, el ruso o el suahiri?

Esto creó la necesidad de un idioma que pusiera en iguales condiciones a todos  y que ninguno pudiera imponerlo sobre los demás.

¿Cómo debe ser ese idioma? En la historia de la humanidad ha habido más de 700 proposiciones para este dilema, de muy diversas ídoles: claves numéricas, vocabularios arbitrarios, mezclas, etc; o bien postulando rasgos generales que deberían poseer. Muchos filósofos, escritores y personas buscaron la solución, entre ellos están Aristóteles, Descartes, Leibniz, Lulio, Maupertuis; y fue este quien aportó un peldaño importantísimo para un proyecto factible: “Las palabras de cada tipo gramatical deben terminar por una misma letra “.

A mitad del siglo 19, dos hombres dieron a conocer sus proyectos: el sacerdote alemán  Schleyer creó el Volapük  o “lengua del pueblo”, y el médico polaco Luis Lázaro Zamenhof con su “Lingvo Internacia” que firmaba con el seudónimo de Doktoro Esperanto.

La acogida fue entonces amplia, y rápidamente se difundieron ambos nuevos idiomas. Los partícipes de uno y de otro aumentaban y desearon poner en práctica el idioma en forma oral y no solo por escrito, como fue en un principio.

Los seguidores del padre Schleyer se reunieron, pero lamentablemente la libertad del nuevo idioma fue tanta que no lograron comprenderse entre ellos; ésto unido al deseo de esu creador de ser el único que podía reformarlo o crear nuevas palabras, sepultó al idioma volapük. Como consecuencia de esto, disminuyó los deseos de aprender estas creaciones. Los seguidores de Zamenhof, por su parte, se reunieron en Francia, en Boulogne-sur-Mer en 1905. El doctor Zamenhof inició el Primer Congreso Mundial de Esperanto, con un discurso, el cual fue interrumpido a los dos minutos por un aplauso general: todos comprendieron lo que Zamenhof decía. A diferencia del padre Schleyer, Zamenhof desde un principio renunció a todos los derechos de propiedad sobre el idioma, además de sentirse un usuario más entre todos, dando así la posibilidad que la comunidad esperantista pueda hacer progresar el idioma sin intervención de su “iniciador”, quien solo solicitó que hubiera algo que fuera inmutable e intocable, el Fundamento de Esperanto.

El fracaso del Volapük aún sigue rondando e influye negativamente en la difusión del Idioma Internacional; no obstante el Esperanto está entre los 21 idiomas más hablados del mundo con entre 3 y 16 millones de personas.

En posteriores artículos seguiremos describiendo este fenómeno cultural, que ya cumplió 127 años de vida.

actualizado a agosto 2014

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