PERSPECTIVAS DE UN NUEVO ORDEN LINGÜISTICO INTERNACIONAL

Mucho se habla de que el siglo XXI será el siglo de Asia. En lo económico, Asia progresa y, al parecer, será un fuerza rectora en el mundo del siglo XXI. Por ello, Estados Unidos y otros países de América desean prosperar junto con las naciones asiáticas, en el marco del foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico. Los dirigentes de los países europeos desean lo mismo en el marco del Encuentro Asia-Europa. Parece que todo el mundo ya reconoce que el siglo XXI será la época de Asia, pero sólo en la economía.

La debilidad más grande de Asia para desempeñar un papel rector en el mundo es la lengua. Dentro del actual orden lingüístico internacional, Asia no podrá ser una fuerza rectora ni colaborante, sino seguidora de los países lingüísticamente fuertes.

Actualmente vivimos en un mundo que exige democracia, justicia, igualdad, libertad y derechos humanos. La democracia y la igualdad comprenden la democracia y la igualdad lingüística. La verdadera igualdad y los derechos humanos comprenden los derechos lingüísticos. Por ello, todas las declaraciones y las cartas de las organizaciones internacionales, como la declaración universal de los derechos humanos de las Naciones Unidas, proscriben la discriminación basada, entre otros factores, en la lengua. Durante los pasados 50 años, la ONU ha contribuido en mucho al bienestar de hombres físicamente débiles, pero no ha podido aportar nada a los derechos lingüísticos de las naciones lingüísticamente débiles.

El mundo está regido por lenguas de naciones políticamente fuertes y los representantes y delegados ante organismos internacionales no pueden hablar en su lengua nacional, sino en las lenguas políticamente fuertes, por exigencias del poderío político.

Problemas y peligros del actual
orden lingüístico mundial

La limitación de la comunicación internacional a una o varias lenguas nacionales no sólo obstruye la comunicación lingüísticamente igualitaria y democrática ¿además de representar una invasión cultural?, sino también produce el estancamiento y la involución de las lenguas y culturas nacionales.

El actual orden lingüístico mundial no sólo no es capaz de cambiar los deteriorados derechos lingüísticos sino que, por el contrario, acelera su retraso. Ni el uso mundial de unas cuantas lenguas nacionales, ni el progreso en las técnicas de comunicación, ni el descubrimiento de nuevos métodos de enseñanza de idiomas o de traducción cambiarán esta tendencia.

El mundo necesita un nuevo orden lingüístico internacional, en el cual todos los hombres usen una lengua común para la comunicación internacional. En este nuevo orden, la humanidad podrá crear un fundamento neutro, sobre el cual los diversos pueblos podrán comunicarse entre sí, en paz y fraternidad, sin imponer sus peculiaridades nacionales.

El nuevo orden lingüístico garantizará los derechos lingüísticos y la comunicación internacional democrática, facilitará la diversidad lingüística y la educación transnacional y contribuirá a que el hombre se emancipe del problema de la comunicación. En este nuevo orden, la diversidad lingüística no dividirá a los pueblos, sino que los unirá.

El problema en los organismos internacionales

Actualmente, los organismos internacionales afrontan seriamente el problema lingüístico. La Unión Europea tiene once idiomas oficiales, y todo discurso oficial ha de ser traducido a esas lenguas. Casi la mitad del presupuesto se dedica a los servicios lingüísticos. Por ello, 83 (14%) de los 627 miembros del Parlamento Europeo “más o menos” favorecen el uso de esperanto como idioma internacional.

La ONU, por su parte, estudia seriamente la forma de mejorar su funcionamiento y reducir gastos. Ya se ha propuesto al Consejo Económico y Social de este organismo que, en su próxima asamblea, adopte en la orden del día un punto para discutir una “lengua internacional”. Además de las seis lenguas oficiales (inglés, francés, ruso, chino, español y árabe) que se usan en la ONU, todos los documentos oficiales se traducen al alemán, a expensas de Alemania y Austria. Al parecer, próximamente Japón hará un arreglo similar con la ONU.

En agosto de 1996, el ministerio chino de Asuntos Exteriores decidió que, a partir de septiembre de ese mismo año, las conferencias de prensa se realizarían sólo en chino, sin traducción al inglés. La decisién fue encomiada por Renmin Ribao, órgano del Partido Comunista de China, como signo de que este país se está convirtiendo en una nación fuerte. En su editorial, el periódico señaló: “La posición de China en la escena internacional se eleva cada día, y la lengua china se vuelve más influyente en el mundo… Cuando un país goza del respeto internacional, es natural que también su lengua sea respetada.”

Por otra parte, en Europa, durante los ejercicios militares de la OTAN en 1996, el problema lingüístico produjo resultados negativos. Por ello se propuso que el inglés fuera usado como lengua común en los ejercicios militares de la Alianza Atlántica

Estos problemas nos revelan la caótica situación del actual orden lingüístico internacional. El tiempo cada vez está más maduro para cambiarlo.

El doctor Nitobe Inazo, secretario general asistente de la Liga de las Naciones, ya en 1921 trató de construir una nuevo orden lingüístico mundial. En 1926, el señor Kijomi Rokuroo señalaba en “La revuo orienta” que el esperanto es una lengua común para los asiáticos, especial para la comunicación entre coreanos y japoneses. Podemos decirle lo mismo a los chinos.

El esperanto y el nuevo orden

La dedicación de los esperantistas a la creación de un nuevo orden lingüístico mundial se expresa en el manifiesto de Praga, proclamado en el LXXXI Congreso Universal de Esperanto (1996), y en la resolución de ese mismo congreso se invitó a todos los organismos internacionales e instancias relacionadas con la política lingüística a colaborar con el movimiento esperantista en la creación de un “orden lingüístico mundial más justo y democrático”.

El comité de UEA aprobó el lanzamiento de una campaña, cuyo objetivo es elevar el prestigio de la lengua internacional, especialmente entre personas e instancias influyentes, así como crear consciencia acerca de las posibilidades prácticas que ofrece la lengua internacional.

El comité, asimismo, convocó a las asociaciones nacionales y especializadas de la comunidad esperantista a disponerse al intenso trabajo para, entre todos, hacer avanzar a la lengua internacional a una posición más fuerte para el siglo venidero, posición que el esperanto merece y que ahora parece estar a su alcance.

Sin embargo, bien conocemos la realidad política del mundo lingüístico internacional. Debemos analizar racionalmente la realidad, convencer amistosamente a las organizaciones respectivas y, paso a paso, fortalecer el apoyo político. Intentamos apelar a la Organización de Naciones Unidas y al Parlamento Europeo para instarlos a estudiar y discutir una lengua auxiliar internacional, y a enseñar y utilizar, a título de prueba, al esperanto como lengua internacional. Necesitamos del apoyo y participación activos de todos los esperantistas en esta campaña.

Éstas son las peticiones específicas a los esperantistas individuales, a las asociaciones nacionales y especializadas de UEA, así como a otras organizaciones esperantistas, estaciones de radio y periódicos que actúan en forma independiente:

  • Escribir e informar a los medios de comunicación nacionales acerca del manifiesto de Praga, de la resolución del LXXXI Congreso y del concepto, necesidad y posibilidad de un nuevo orden lingüístico mundial.
  • Escribir a los representantes nacionales ante la ONU y a los diputados del Parlamento Europeo acerca de la necesidad y la posibilidad práctica de una lengua internacional, y pedirles que apoyen la propuesta de estudiar, usar y enseñar a título de prueba el esperanto como lengua internacional.

Si consideramos la creciente presión que ejerce el problema lingüístico sobre esos organismos internacionales, es necesario adoptar un nuevo orden lingüístico.

Los asiáticos deben ser pioneros en la creación de este nuevo orden, que parece estar a nuestro alcance. Ésta es la misión de los esperantistas asiáticos para el siglo XXI, de la cual podrán enorgullecerse.

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