¿ASOCIACIÓN, MOVIMIENTO, COMUNIDAD O POLIS?

El 3 de agosto de 1998 se celebró el Foro Estratégico de la Comunidad Esperantista, en el que por primera vez en los últimos años, participaron representantes de todas (o casi todas) las organizaciones esperantistas importantes.

A continuación presentamos el discurso introductorio de Humphrey Tonkin, ex presidente de la Asociación Universal de Esperanto (UEA).

©Humphrey Tonkin

El hecho de que este año nos reunamos en una ciudad en el límite del llamado “país cátaro”, la región en la que durante los siglos XII y XIII surgió uno de los movimientos heréticos más grandes en contra de la Iglesia Católica, y que del otro lado de la ciudad que alnerga nuestro congreso se encuentre Aviñón, otrora sede del papa rival, quizá haga oportuno que tratemos aquí la cuestión de qué es la causa en la que nosotros participamos: ese fenómeno que es a la vez lengua y algo más que lengua.

La historia del esperanto está llena de esfuerzos por organizarse y por evitar toda organización, y de las luchas por unificar o evitar la unión de los hablantes de nuestra lengua. Por un lado, Zamenhof mismo insistió en la unidad básica de la lengua y en la necesidad de respetar el fundamento (1) ( aunque en este sentido, él llegó a ser más flexible que otros); por otro lado, él dudaba profundamente del valor de las organizaciones, con sus presidentes, secretarios y comités y dar directivas a la libertad humana cosa que él anhelaba para su lengua.

A lo largo de los años, ese debate básico no ha desaparecido y muchas veces ha reflejado las inclinaciones y tendencias de la sociedad en general.
Así podemos interpretar el llamado “período francés” de la lengua, en los años anteriores a la Primera Guerra Mundial, cuando un grupo de intelectuales trató de convertir al esperanto en una estructura esencialmente burguesa y jerárquica. Así podemos interpretar las divisiones de los años veinte y treinta, entre los medios comprometidos del socialismo y el anarquismo del SAT (2) y organizaciones similares, por un lado, y por los otros las “neutrales” UEA e IEL(3). Podríamos asignarle una interpretación similar al neutralismo más activo de TEJO(4) en los años setenta y a su alejamiento de la política en los ochenta. Hoy día, en nuestro mundo postmoderno, la noción de un movimiento esperantista, con su asociación dirigente (es decir UEA) en su cumbre y una directiba en la cumbre de esa cumbre, se ha desmoronado en medio de un ambiente generalizado de escepticismo respecto de las estructuras organizativa y “soluciones definitivas” a los llamados “problemas”. Así como la idea de Naciones Unidas como gobierno mundial perdió su atractivo, la idea de UEA como dirigente del movimiento mundial esperantista ya no atrae la imaginación de los hombres, si es que, en nuestro anárquico movimiento lingüístico alguna ves lo hizo.

En consecuencia, no estoy por completo seguro de qué somos. Existen algunas personas, todavía en gran número, que consideran que UEA debe dar sus directivas y los peones deben seguirla. Dicho en otras palabras, que la asocición, aun cuando esta no sea la analogía completa de todos los hablantes del esperanto, es y debe ser su motor central.
Creen en la necesidad de disciplina e insisten en que las diversas asociaciones nacionales y especializadas(5) deben solidarizarse con UEA para presentar al mundo externo un perfil unificado. Tienden a hacer énfasis en que el esperanto existe para convertirse en la lengua de la comunicación mundial y que el objetivo principal de hablar esperanto es alcanzar ese objetivo. Para ellos, el esperanto es una asociación, una organización, y UEA es el parlamento y la asamblea democráticas del esperanto.

Otros hablan de un movimiento esperantista en el que las persnas, pese a sus diversas ideologías e incluso sus diferencias de objetivos, trabajan juntas para hacer avanzar el esperanto. La meta de ese movimiento es alcanzar la aceptación generalizada del esperanto. En ocasiones no están de acuerdo en la forma de alcanzar dicho objetivo: ya sea trabajar en la cumbre, con quienes influyen en la política y la economía, o trabajar en la base, con los hombres comunes, quienes pese a la divisiva influencia de la política, aspiran a entenderse entre sí al margen de los gobiernos. Algunos argumentan que sin el apoyo de los dirigentes, el esperanto no podrá prosperar; otros, que sin el apoyo del pueblo, el esperanto no podrá vivir.

Algunos prefieren hablar no de un movimiento sino de una comunidad. Hacen énfasis en que lo que hace que las personas sean hablantes de esperanto es precisamente el hecho de hablarlo. Como hablantes de una lengua determinada, constituyen una comunidad lingüística, cuya unidad consiste en el hecho de que la lengua es portadora de ciertos elementos culturales comunes, que definen su semántica y, a la vez, son definidos por la semántica misma. El esperanto es algo más que una lengua en el sentido
de que la lengua reúne en su torno a una comunidad efectiva de personas. Como idioma pequeño y de una diáspora, el esperanto ocupa una posición no muy diferente al de las lenguas minoritarias, que existen y funcionan pese a los gobiernos y las intervenciones oficiales.

Pero últimamente, otros han definido al esperanto como una polis, como si se tratara de una estructura autónoma, similar a la noción convencional de ciudad-estado de la Grecia clásica, en la que todos tienen ciertos derechos y en las que las decisiones se toman de común acuerdo. En dicha polis, las diversas organizaciones esperantistas, y entre éstas UEA, esencialmente tienen los mismos derechos y no existen jerarquías. Algunos proponen que se convoque a una reunión de los ciudadanos, aunque no está claro para qué habría de hacerse.

Por supuesto, existen otras formas de referirse a nuestra causa en común (incluso la palabra “causa” es tendenciosa: nos recuerda a algo que crece rápidamente en el himno [6] , y la expresión era usada con frecuencia en los idealistas años mozos de la lengua). Se puede hablar de los hablantes de esperanto, de los usantes, del conjunto de esperantistas (igualmente la palabra “esperantista” tiene su tendencia: aunque no en forma oficial, la raíz sin embargo da la impresión de algún “ismo” practicado en forma profesional por aquellos que tienen esperanza). Yo mismo siempre evito el uso exagerado de la palabra “esperantista”.

Hoy no propongo que elijamos la palabra, el descriptor que prefiramos. No se trata de un juego de niños ni de un programa de concursos por televisión.
Efectivamente, muchos de nosotros practican con energía ese juego de niños, aquellos que prefieren moldear al esperanto conforme a sus propios prejuicios, en lugar de conformar su temperamento a la tolerancia, cosa que exige nuestra lengua para su misma existencia.
Entre nosotros existen algunas tendencias anárquicas: no aceptamos la opinión que nos dan acerca del papel de la lengua en la sociedad e insistimos en ir por nuestro propio camino. Por otra parte, existen algunas tendencias dictatoriales: insistimos en que el mundo tenga la forma que nosotros deseamos y no la de otros. A pesar de todos los esfuerzos, nadie nunca ha logrado crear utopías anarquistas, ya que sin la dictadura es imposible crear la anarquía (como bien descubrieron en su momento los ideólogos soviéticos) y un mundo anárquico estaría indefenso ante las tendencias dictatoriales.

Además, nuestros miembros se hicieron hablantes y usantes de esperanto no porque estén conformes con la sociedad, sino porque no lo están. Esa falta de conformidad se extiende también a la parte esperantista de su vida. Por tanto, con frecuencia dedican gran energía a oponerse a la autoridad, real o imaginaria. Como inconformistas, en ocasiones carecen también de habilidades sociales y, por ende, lanzan sus ataques desde los niveles personales más crudos y bajos. Esas inclinaciones aquejan incluso a las más altas instituciones del esperanto. Ningún cuerdo que observara de cerca las recientes disputas en el seno de la Academia (al igual que todos los demás
académicos, yo considero ser el único cuerdo de esa importante institución) podría evitar la conclusión de que muchos de nuestros personajes no han aprendido las lecciones básicas de la conducta personal, o que las aprendieron pero no las aplican, pues la única forma de revaluarse a sí mismo es creando la máxima confusión y conflicto entre los demás.

Si realmente deseamos formular una buena estrategia para el futuro de nuestra lengua, deberemos hacerlo en un ambiente y en un medio en el que dejemos fuera nuestros prejuicios y ansias de poder. Quienes consideran al esperanto como una polis tienen razón en que deben escucharse todas las voces, pero no en que simplemente deseen substituir una jerarquía por otra.
Quienes prefieren concebirlo como una sociedad o comunidad, aciertan en que el esperanto no es tan sólo un instrumento, sino efectivamente una cultura lingüística, que necesita cuidados al igual que los necesitan todas las demás culturas. Quienes lo consideran un movimiento tienen razón en que es preferible un mundo con el esperanto que sin él, aun cuando no nos pongamos de acuerdo en las ventajas y desventajas precisas. Y si el esperanto es en primer lugar una asociación, trabajemos con mayor intensidad para que UEA sea aun más útil a los hablantes de esperanto en general, de modo que todos se reúnan libremente en su seno.

Al criticar el trabajo de UEA, en ocasiones olvidamos sus grandes méritos, como los congresos universales, que no se celebrarían y tendrían que ser reinventados si nuestra oficina en Rotterdamm no trabajara durante todo el año; como la librería y la editorial, sin las cuales la diversidad de opiniones sobre nuestra propia estructura y la riqueza de las aplicaciones de nuestra lengua no tendrían la forma que ahora tienen. Quienes critican a UEA por lo general son quienes no la han vivido, o quienes insisten tanto en sus propias razones, que no juzgan bien el valor de una asociación bien organizada en nuestro seno (o quizá equivocadamente teman su eficacia).
Además, quienes critican a nuestra asociación por lo general son quienes prefieren criticar la conducción de otros que dirigir ellos mismos y arriesgarse así a ser criticados.

Sea como fuere, nuestro esfuerzo por buscar una estrategia no prosperará sin ciertos acuerdos básicos.

  • Primero, debemos estar dispuestos a tratar a nuestros colegas como personas capaces de contribuir positivamente a nuestra causa común, y nosotros mismos debemos merecer ese trato. Sin esa tolerancia básica,
    seguiremos divididos y amargados. Existe una creciente inclinación en nuestros medios por mostrar el propio brillo, destruyendo hábilmente la reputación de los demás. Es tiempo de que terminemos con nuestras parodias, con nuestras novelas en clave, con nuestras circulares y con nuestras infladas instituciones, y de que aprendamos por lo menos humildad.

  • En segundo lugar, debemos estar dispuestos a enseñar esperanto a otros. Sin una afluencia constante de nuevas personas a nuestra causa común (como sea que la definamos), no crecerá nuestra ronda. La situación de la enseñanza del esperanto, pese a los grandes esfuerzos de algunas personas, sigue siendo inadecuada para las necesidades. Faltan medios de enseñanza, diccionarios, material electrónico. La enseñanza misma no goza de suficiente prestigio en nuestro medio.

  • En tercer lugar, nosotros mismos debemos aprender y usar el idioma, para fortalecer nuestra cultura, enriquecer su contenido y ampliar la red de bienes culturales comunes, producto de esa intensa utilización. En este sentido, debemos apoyar nuestras instituciones: nuestros libros, nuestra radio, nuestras redes electrónicas.

  • En cuarto lugar, debemos conocer mejor el carácter y la historia de nuestra causa. No es posible ignorar simplemente las razones del esperanto, ni negar las nociones fundamentalmente humanistas que se encuentran bajo la superficie organizativa. Quizá pisemos terreno tendencioso al afirmar que la idea del esperanto contiene, entretejida en todas sus manifestaciones, cierta visión moral de una nueva ética de la comunicación internacional. Estoy dispuesto a argumentar al respecto en el siguiente debate y a aceptar que no todos estarán de acuerdo conmigo. Pero sí insisto en un debate civilizado dentro de un ambiente positivo. Sin eso, el esperanto dará vueltas para siempre en el círculo cerrado del orgullo propio y se perderá la idea original.

Por lo tanto, este primer debate es, en mi opinión, positivo y bienvenido. Quienes ven herejes por todas partes, como los papas a los cátaros, están condenados a combatirlos para siempre y, posiblemente, en la guerra así causada, perderán la oportunidad de enriquecer su alma y ampliar sus horizontes espirituales. Por otra parte, quienes no se esfuerzan por llegar a un acuerdo, no lograrán movilizar todas las fuerzas para crear una cultura duradera y, con el tiempo, incluso un mundo mejor, trabajando ya en Roma, ya en Aviñón, para anularse uno al otro, mientras el resto del mundo tranquilamente sigue su camino.


Notas:

(1)
El Fundamento de Esperanto es la obra en la que el autor de la lengua, L.L. Zamenhof, definió la estructura gramatical y el vocabulario mínimo, los cuales, según acuerdo tomado en el primer congreso de esperanto (1905), fueron declarados “intocables”, a fin de evitar que se introdujeran cambios que acabaran con la unidad del idioma.

(2)
SAT: Asociación Mundial de Anacionalistas, organización fundada en 1921 como “alternativa obrera” a UEA. En su seno acogió a comunistas, socialistas, anarquistas, sindicalistas, etcétera, sin que el “anacionalismo” (posición que hace abstracción de los condicionamientos nacionalistas) fuera una ideología definida y, mucho menos, compartida por todos sus integrantes.

(3)
UEA: Asociación Universal de Esperanto, organización creada en 1908 con el fin de dar servicios a los esperantistas y ofrecer un medio práctico de utilizar la lengua. IEL: Liga Internacional de Esperanto, organización surgida a raíz de la división, en 1936, de UEA. Ambas volvieron a fusionarse en 1947.

(4)
TEJO: Organización Mundial de Jóvenes Esperantistas, actualmente constituye la rama juvenil de UEA.


(5)
Asociaciones nacionales y especializadas: Además de miembros individuales, UEA acepta la membresía de las llamadas “asociaciones nacionales” que, en cierto modo, representan al movimiento esperantista en un país determinado. Por lo general, su objetivo es la difusión de la lengua. Las asociaciones especializadas constituyen otra categoría de miembros de UEA: son aquellas organizaciones dedicadas a una actividad específica (por ejemplo, de periodistas, médicos, músicos, ajedrecistas, filatelistas, etcétera) en la que usan y promueven el esperanto.

(6)
Alusión a La Espero, composición poética de Zamenhof, convertida posteriormente en himno del movimiento eperantista.
La estrofa aludida es la siguiente (en traducción libre): Bajo la santa enseña de la esperanza/Se reúnen quienes luchan por la paz/Y rápidamente crece nuestra causa/Con el trabajo de quienes tienen esperanza.

Traducción y notas: Jorge Luis Gutiérrez

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