POSIBILIDAD DE UN IDIOMA INTERNACIONAL

¿Qué es una lengua internacional, después de todo? Hasta aquí, hemos hablado de “lenguas hegemónicas”, es decir, lenguas impuestas por razones políticas y económicas a otras lenguas. Pero por “lengua internacional” entendemos, como lo hace la Comisión McBride, “una lengua universal simple, comprensible y accesible para todos”, hecha la salvedad de que al mismo tiempo, dicha lengua no produzca “discriminación contra otras (ni cree) jerarquías lingüísticas”, conscientes de que “el empleo de un pequeño número de las llamadas lenguas mundiales suscita problemas delicados en lo tocante a la individualidad e incluso al desarrollo político y cultural de muchos países”.

Es claro que ninguna lengua nacional, por difundida, por rica, por simple que sea, puede cumplir con el riguroso requisito de no crear jerarquías lingüísticas ni discriminación en contra de las otras. En esta sola razón se basan todos los razonamientos que han llevado a la creación de lenguas artificiales.

¿Qué es una lengua artificial?

El término “artificial” aplicado a estas lenguas ha sido impugnado por diversos autores, pues establece una distinción artificial/natural que resulta engañosa. ¿Cuáles son las lenguas naturales y cuáles las artificiales?

Esta clasificación se basa en el concepto equivocado de que las lenguas pueden ser producto de la naturaleza, o incuso “gracia divina”, como afirma Balmes: (el lenguaje) “no ha podido ser inventado por el hombre… (es) la insignia con que el Hacedor Supremo ha señalado al rey de la creación”. Para Schleicher, “las lenguas, como los animales y las plantas, nacen, crecen, envejecen y mueren”, atribuyéndoles un carácter orgánico, natural e independiente del hombre.

Es seguramente Sassure quien viene a poner la lengua en su lugar. En su Curso de lingüística general, afirma que la lengua es un “producto social de la facultad humana del lenguaje, y un conjunto de convenciones necesarias adoptadas por el cuerpo social para permitir el ejercicio de esa facultad de los individuos”.

De esta forma, al situar la lengua entre los fenómenos sociales, queda descartada de entrada la cuestión de si existen lenguas naturales o artificiales. Toda lengua es un producto social, es decir, un producto del hombre; como tal, será artificial en la medida en que el hombre interviene en su formación. ¿Cómo podemos referirnos, por tanto, a lo que se llama lenguas artificiales? Bollinger propone otro término, mismo que es empleado por Jantón: “lenguas construidas”. Sin embargo, lo mismo que dijimos del término “artificial”, vale para “construidas”. En todo caso, en cualquier lengua podemos advertir la acción consciente del hombre.

Esta acción es llamada “planeación lingüística”, y la encontramos definida por Manríquez Castañeda como:”las medidas concretas tomadas para conseguir el desarrollo, enriquecimiento y conservación de una lengua en particular”. Podríamos llamar a las lenguas a las que nos queremos referir “lenguas planificadas”, o a fuer de rigor, “lenguas totalmente planificadas”. Este término es el usado por Wüster en su obra Internationale Sprachnormung in der Technik (1931). él usa la palabra Plansprache como equivalente del inglés constructed language usado por Jespersen.

Sin embargo, el mismo Wüster adoptó posteriormente el término “interlengua” como sinónimo de lengua planificada. Jespersen propuso la “interlingüística” como el estudio de las interlenguas.

Una interlengua, es, pues, una lengua totalmente planificada, elaborada conscientemente, con el fin de que sirva en la comunicación internacional.

Aparentemente, una interlengua resulta ser la mejor manera de salvar los escollos, el mejor camino entre la aceptación pasiva de una lengua hegemónica y el repliegue sobre sí mismo. Animada con esta idea, mucha gente pensó que bastaría elaborar una interlengua para que todo el mundo viera en ella la solución al problema lingüístico. Pero aun en la actualidad, aun entre la gente de conocimiento, encontramos respecto a la lengua los mismos prejuicios de hace cien o doscientos años. Veamos algunos de ellos.

Prejuicios en contra de una lengua internacional

Para muchos, las interlenguas pretenden desplazar a las lenguas nacionales. Como propagador de este infundio encontramos, entre otros, a A. M. Kondrátov, de la Academia de Ciencias de Moscú. En su libro Del sonido al signo, leemos lo siguiente: (la lengua propia) “está indisolublemente ligada con la historia del pueblo y con su cultura nacional. Por consiguiente no puede ser reemplazada por ninguna “superlengua”, por ninguna lengua universal inventada”.

En el mismo sentido se pronuncia Einar Haugen: “La diversidad lingüística es parte de la interesante diversidad de la cultura que caracteriza al hombre”. Lo cual, mutatis mutandis, encontramos idéntico en Frizo Melzer, teólogo cristiano: “Dios estableció su ley de las diversas lenguas, quien trata de desaparecerlo por sus propias fuerzas, se rebela contra Dios…”.

No nos podemos explicar en qué momento, o abrevando en qué fuente, estos señores concluyeron que se pretende desplazar o sustituir a las lenguas nacionales. Quienes se han interesado en este problema jamás han aventurado la opinión de que hay que terminar con la diversidad lingüística. ése no es el meollo, sino la hegemonía de una lengua sobre las demás.

Por ejemplo, Leibniz, quien se ocupara ampliamente de este asunto, decía que una lengua tal, “…serviría admirablemente para la comunicación entre los pueblos diversos”. Zamenhof, iniciador del esperanto, al definir la lengua internacional aclaraba que ésta “de ninguna manera intenta interferir en la vida interna de los pueblos”.

Nadie que lea desprejuiciadamente cualquier libro acerca de la lengua internacional, podrá sacar la conclusión de que ésta pretenda reemplazar a las nacionales. Entonces, ¿por qué se le acusa de hacerlo?. La única explicación que podemos encontrar es el carácter político del problema y el interés de las personas citadas en conservar sus privilegios como hablantes de lenguas hegemónicas.

De otra manera no podemos entender cómo un lingüista como Walter Porzig, por ejemplo, puede afirmar que la facilidad de aprendizaje del esperanto se debe a que, por lo general, se le aprende por gusto, y no por obligación.

Ataques irracionales

Existe gran irracionalidad en los ataques a la idea de la lengua internacional en general, y al esperanto en particular. Como podemos ver en Karl Vossler, rector de la Universidad de Munich, cuando afirmaba, en su obra de 1925, que “en la gramática y vocabulario del esperanto penetró el bolchevismo internacional y el comunismo”. Pero inmediatamente después de la guerra, alcanzó a desdecirse, lleno de arrepentimiento:

¿Por qué, después de las terribles pruebas y experiencias de las dos guerras mundiales, no surge un poeta sincero y verdadero de la pacificación entre los pueblos?… ¿Por qué no canta su esperanza y su fé en la humanidad en una lengua que no pertenezca a ningún pueblo…? ¿Por qué esa lengua no sería el esperanto?… Si les confieso sinceramente, sólo puedo decirles: tengo esperanza, y eso es, en verdad, el sentido del esperanto.

El también alemán Franz Thierfelder se basa en el origen judío del autor del esperanto para acusarlo de ser parte del complot sionista mundial: “No hay duda de que su invención (el esperanto) no adelantaría tan rápido, si Zamenhof no encontrara apoyo por parte de la prensa mundial y del poder detrás de ella”. Esto fue escrito en pleno 1938, y la obra tenía el significativo título de El alemán como lengua mundial.

Adolfo Hitler era más claro al respecto:

En tanto que los judíos no se hagan los amos de los otros pueblos, ellos deben, quiéranlo o no, hablar sus lenguas. Si esos pueblos fueran sus lacayos, deberían aprender inmediatamente una lengua universal (por ejemplo el esperanto), de tal forma que la judería pudiera gobernar más fácil.

Otro distinguido miembro del partido nazi, Rudolph Hess, afirmaba que el esperanto era una “ensalada lingüística”, contra la cual había que luchar. La futura lengua universal era, por supuesto, el alemán. Le ha de haber resultado muy doloroso contemplar desde su solitaria celda en Spandau, cómo su “encantadora lengua natural, cuya vida y evolución está garantizada por el fuerte pueblo alemán”, era ninguneada en la ONU, en donde ni siquiera ha podido alcanzar el modesto título de lengua oficial.

En fin, tanta irracionalidad, tanto empeño en distorsionar los hechos, no pueden explicarse más que atendiendo al interés de mantener el caos actual, con la confianza de que sean las lenguas hegemónicas las que lleguen a desplazar a las lenguas nacionales. ésa es la verdadera explicación de afirmaciones como la de Haugen y Kondrátov: atacar, ya sea ridiculizando o minimizando, la idea misma de un idioma internacional.

¿Es posible una lengua internacional?

Volvamos, pues, a nuestro propósito original; es decir, a analizar la posibilidad de una lengua internacional, tratando de hacer a un lado prejuicios aún cuando estos sean suscritos por gente reputada.

Dicha posibilidad tiene dos flancos desde los cuales la podemos examinar: el lingüístico y el social. Esto quiere decir que, por un lado, tenemos que ver cómo puede llegar a elaborarse un sistema lingüístico; mientras que por el otro, existe la cuestión de cómo ese sistema lingüístico puede llegar a ser usado internacionalmente.

Una cosa es segura: la lengua internacional tiene que surgir de la misma manera en que han surgido las lenguas nacionales. Es decir, como medio de comunicación en una comunidad. Ahora bien, ¿cuál es la “comunidad internacional”? ¿Dónde podemos localizarla? Y sobre todo, ¿cómo puede surgir de ella una lengua? Hagamos un poco de historia.

Cuando los filósofos del siglo XVII hablaban de una lengua internacional, en realidad cumplían un acto de visionismo. En su época, la necesidad de una lengua común se satisfacía con el latín; posteriormente con el francés.

Es hasta el siglo pasado cuando se dan las condiciones necesarias para que surja una lengua internacional. Las ideas igualitarias de la Revolución Francesa ofrecían a todos los hombres el acceso a la cultura. Al mismo tiempo, como ya hemos visto, el surgimiento del nacionalismo y el orgullo por las lenguas populares hacen que éstas entren en conflicto con las lenguas hegemónicas, y en cierto grado, las hace retroceder en sus posiciones. Todo esto hubiera sido ineficaz de no haberse contado con los medios materiales para producir los contactos entre los hombres de diversas lenguas. Pero los medios de comunicación y de transporte ya se encontraban lo suficientemente desarrollados para permitirlo. Ahí es donde se forma la comunidad internacional: con aquellos individuos cuyos intereses, fueran científicos, culturales o comerciales, rebasaban el ámbito nacional.

Al mismo tiempo, los frecuentes intercambios dieron origen a un amplio vocabulario que, en forma más o menos igual, se encontraba en la mayoría de las lenguas. Palabras referentes a la técnica, la ciencia y la cultura, entraron en la mayoría de los idiomas con ligeras variantes de pronunciación. éste sería el material lingüístico básico, del que podría partir la lengua internacional.

©Federación Mexicana de Esperanto

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